La Leyenda de Jack O’Lantern

La palabra «Halloween» es usada como tal por primera vez en el siglo XVI, y proviene de una variación escocesa de la expresión inglesa «All Hallows’ Even» o «All Hallows’ Eve» que significa «Víspera de todos los Santos»

En Irlanda, muchas viejas tradiciones paganas perduraban, como poner una luz dentro de un nabo para espantar a los espíritus basándose en una vieja leyenda.

Debido a la hambruna de la patata, ello derivó en una emigración masiva de irlandeses hacia los Estados Unidos de América. Causa por la cual, se adaptaron aquellas antiguas tradiciones de los irlandeses en la Nación estadounidense.

Curiosamente, en sus inicios, era otra hortaliza la protagonista, (el nabo), pero éste fue cambiado por la famosa calabaza, al ser esta un fruto mucho más frecuente en las tierras americanas. De hecho, la fiesta irlandesa se mezcla entonces, con otras creencias de proveniencia india (teniendo en cuenta que, en América, los indios eran los nativos de dicha nación). Con todo este caldo de cultivo, y en medio de toda esta derivación y secuela colonial, nace el Día de Halloween.

Y, entre mito y tradiciones, una de las que se incluye es la conocida Leyenda de Jack el irlandés, un tipo extravagante y pendenciero, con un aspecto dicen, un tanto tétrico. Un tal Jack que, la última noche del mes de octubre, el día 31, fue a toparse con el mismísimo Satanás en una tenebrosa y oscura taberna. Éste, captador de “Almas” como es, hizo un “pacto” con Jack, pero cuentan que a pesar de todo el alcohol que éste mismo había ingerido, logró engañar al Diablo, el Padre de la Mentira. Tan solo ofreciéndole su “alma” a cambio de un último trago.

Se dice que el Diablo se transformó en una moneda (embaucador y engañoso como es, dueño de los espejismos), para pagarle al camarero. Cuando Jack (tacaño hasta la médula y vil como era) vio la moneda sobre el rancio mostrador, rápidamente se adueñó de ella, y la tomó para sí. Tan rápido como se va el aliento de un muerto tras su despedida de la Vida, puso Jack la moneda de la que se había apropiado en su monedero. Moneda que curiosamente, dicen que tenía grabada una cruz, algo en lo que no reparó Satanás. Así que, el diablo, por mucho que lo intentó, no fue capaz de regresar a su forma original. Y, obviamente, Jack no debía de ser ningún estúpido, porque le aseguró que no lo dejaría escapar hasta prometerle no pedirle su alma en el plazo de diez años. El diablo, sabio como es, por su vejez, más que por diablo, no tuvo más opción que la de claudicar y ceder. Así que le concedió a Jack su petición, hasta pasado el plazo de los diez años. 

En aquel instante, Jack, sabía que tenía una cita a la que no podía rehuir, e instó al Diablo a reunirse con él, en el campo. Satanás, estaba ansioso por llevarse el alma del condenado, e iba preparado para ello, pero Jack, ávido y rápido de pensamiento le expuso lo siguiente:

Por supuesto, iré donde me lleves a propia voluntad y de buena gana, pero antes de hacerlo, ¿podrías acercarme la “manzana” que está en ese “árbol”? El Diablo volvió la vista hacia dónde apuntaba el dedo de aquel curioso y extravagante sujeto. Y cuando volvió al rostro hacia Jack, éste, le insistió con las palabras mágicas que agregó: ¿Me acercarías tan solo, la manzana del árbol, “por favor”?

El Diablo se lo pensó dos veces, dada la antigua jugarreta, pero se convenció de que “astuto” como era, no tenía nada que temer ante un simple mortal. Y dando una grácil voltereta, llegó hasta la copa de aquel Árbol del que colgaba el ansiado fruto prohibido, (conocido como el Fruto del Conocimiento), la Manzana. Así que, cuando el Diablo quiso bajar del manzano, no pudo, porque Jack, había tallado una enorme cruz en el tronco. 

Pero, en esta ocasión, Jack, que tenía la astucia del Diablo, le hizo prometer a Satanás, que JAMÁS DE LOS JAMASES, volvería a pedirle que le entregase su “alma”. Le liberaría de inmediato si él lo liberaba. Y así llegaron Jack y el Diablo a tener un nuevo “trato”. Mediante un simple “truco” usado por el astuto hombre.  Obviamente, al Diablo no le quedó más remedio que rectificar y aceptó el “trato”. Y todo por haber hecho aquel “truco” con la moneda… Así que entre Truco y Trato… ambos se liberaron.

Cuenta también la historia que unos años más tarde, Jack murió por esa cita a la que nadie puede faltar, creyó ser liberado del Diablo, pero, no obstante, no pudo entrar al cielo. Se dice que ello fue debido a que durante el trascurso de su vida había sido una persona mezquina, muy borracho y gran estafador. Y se había convertido en todo un mentiroso compulsivo y en un embaucador de almas bondadosas. Así que, cuando intentó entrar en el Hades, (el Infierno), el Diablo tuvo que negarle la entrada al Averno, dado que prometió que JAMÁS DE LOS JAMASES TOMARÍA SU ALMA… 

Cuando Satanás le rechazó, Jack le preguntó: Si en el Cielo no me aceptan por mis malas obras y en el Infierno no tengo cabida. ¿A dónde iré? A lo que el Diablo le contestó: Regresa por dónde viniste. Pero el camino de regreso era lúgubre, tenebroso y oscuro e incluía ráfagas de viento terrible y tempestades que le impedían caminar o ver con claridad.

Curiosamente, como vivimos en un Mundo Dual, el Diablo se “apiadó” del alma perdida del viejo Jack y le lanzó un carbón encendido a fuego vivo, que provenía del mismísimo INFIERNO. Lo hizo realmente, para que se guiara en la oscuridad, porque NO podía “faltar a su palabra”. Así que Jack puso el carbón ardiente en el interior de una calabaza, para que el viento huracanado del camino que lleva al Infierno, no pudiese apagarlo.

 

 

Desde aquel entonces se extendió la mítica leyenda negra de Jack y a emplearse las calabazas convertidas en el tenebroso candil de este siniestro personaje. A partir de esta leyenda las personas acostumbraron a poner en sus ventanas una calabaza con luz en su interior para ahuyentar al Diablo. Con la finalidad de que a este no se le ocurriese llevarse su alma en la Noche de los Difuntos.

Pues aquella era una época de supersticiones, donde predominaban los titiriteros, los circos repletos de personajes variopintos, vendedores ambulantes y herreros que cambiaban sus afiladores o mercancías habituales por una linterna. Por aquel entonces un artilugio que les parecía que contenía en su interior “pura magia”, dado que estas tenían la peculiaridad de “brillar en la oscuridad”. La misma oscuridad de donde Jack no fue capaz de salir sin la ayuda del  Diablo. Un tiempo, además, donde solían montar en las tabernas o salones públicos un antiguo proyector desde el que, curiosamente y para asombro de muchos, solían salir momias, seres horripilantes o extraños seres desfigurados como Frankenstein o Drácula (figuras que por entonces provocaban un terror espantoso y que, curiosamente ahora dan algo de risa). E incluso medio-zombis, o figuras amortajadas, y todo tipo de terribles espectros y/o espíritus malignos pintados, como los típicos esqueletos de Halloween, que portaban una hoz o guadaña. Igualmente era común ver mujeres extrañas llevando consigo velos con candiles o a hombres barbudos con velas e incluso con cierto aspecto cabalístico.

 

Tras esta leyenda, también surgieron los disfraces, para más tarde endulzar la noche con los típicos caramelos y como no, con el famoso «Truco o trato». Que, por cierto y, dicho sea de paso, es asimismo una célebre y reputada costumbre celta (pues dada la mezcla de tradiciones y culturas, esto también se realizaba, para mantener “entretenidos” a los Espíritus Malévolos con detalles y regalos, lo que evoca un poco a Papa Noel).

Pero Halloween no se convertiría en fiesta universal hasta allá por los años 60 con la evidente ayuda y publicidad de Hollywood. Lo que acabó por sepultar, o al menos por menoscabar, a la antigua tradición cristiana de la Noche de Todos los Santos.

Obviamente con el surgimiento emergente de un Sistema Capitalista, y el nacimiento del Consumo masivo en los Estados Unidos, esta Nación, comenzó a convertirse en una celebración cada vez más popular. Ya que, dicho sea de paso, aporta al país una gran recaudación pues las ventas son millonarias al incluir los disfraces, las calabazas, los caramelos, o las máscaras. Siendo las máscaras otra tradición que procede de las Viejas Tradiciones Celtas cuyo objetivo era espantar a los demonios o malos espíritus, que llegaban con la larga noche del 31 de octubre. Es decir, de la Noche de Difuntos, e incluso de aquellos que como Jack, no descansan en Paz.

Pues narra una vieja leyenda que el Alma de Jack… vaga por el Limbo eternamente…

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